La literatura de Charles Bukowski a través de su primera novela



Un mal día Charles Bukowski no encontraba la moneda que había reservado en su bolsillo para pagarse un vino. Esos malditos rotos. Las monedas se caían solas. Joder, tenía hambre, y un puñado de poesías y relatos cortos.

Pero el papel de Bukowski no alimentaba en los años ‘50.

Los orígenes de Cartero, ¿su primera biografía?



La cosa no empezó mal. Durante Navidades, el trabajo en correos se multiplicaba por la bonita costumbre de repartir felicitaciones navideñas. Un borracho lo soltó en un bar, y otro borracho lo escuchó. El segundo borracho pensó: ¡qué cojones! Tampoco puede ser tan malo. Repartir unas cuantas cartas por la mañana… Así Bukowski empezó su menos fructífera etapa. En cuanto a escritura creativa. Su etapa de cartero.

La profesión de cartero marcó al aprendiz de literato. Algún chip se giró en su cabezota. Bukowski perdió en algún buzón -quizás en algún sofá- el pequeño atisbo de responsabilidad por el trabajo que tenía, y empezó a ver su trabajo como un medio para sobrevivir, que a la vez podía ser un foco de acción con el que crear historias que después novelaría. Y, realmente, sabemos mucho de Henri Chinaski, su alter ego, y a la vez sabemos poco de Charles Bukowski. Por desgracia, la vida de aquel cartero no importaba lo suficiente para escribir una biografía no autorizada. No todavía. Así que tenemos que fiarnos del Viejo Indecente, de su Poesía Maldita y de su vida novelada porque poco más hay de primera mano.

El libro de Bukowski que revive esta etapa de su vida se remonta a dos décadas después de su inicio en correos. Además de trabajar como cartero, realizó otros trabajos en esos veinte años, porque el trabajo que amaba no le reportaba dinero. No sería hasta los ’70, cuando empezó a recibir un poco de pasta por hacer lo que mejor sabía, una promesa de cien dólares al mes de por vida, por dedicarse únicamente a escribir. Entonces Bukowski aceptó, decidió morirse de hambre y escribir, como diría en una conocida entrevista.

El primer mes, soltó la primera novela. La llamó Cartero. Sí, la escribió durante ese primer mes. Un mes, dos días... veinte años… el tiempo corre a una velocidad distinta para un escritor, todos lo sabemos y no nos importa, lo entendemos y sonreímos. La realidad es bien distinta, escribir cuesta sudor, te llames Pepe o Charles. Claro que, si te llamas Charles y eres bueno, el tiempo corre a tu favor, cuarenta años después de publicar algo seguirán leyéndote. En fin, pasaba que en los ’50 no ganaba esos 100 $ mensuales, así que al curro. A repartir cartas.

Sus biografías



Una de las dificultades de hablar de la vida de Bukowski es que la mayor parte de su obra es una autobiografía.

Resulta complicado diseccionar a Henri Chinaski de Charles Bukowski, la parte novelada de su vida del día a día cotidiano del autor.


La época de Cartero de Bukowski

La época de cartero es la que presenta la mayor dificultad. Bukowski no era el personaje público y famoso en el que se convertiría décadas después.

Por ello, es necesario leer entre líneas, y asumir el riesgo a equivocarse.

Los libros de Bukowski nos cuentan más de lo que dicen.


Su estilo de escritura



Las escenas que pueblan el libro son muchas, pero de muy corta duración. Es un estilo rápido y muy escueto, y también fluido y natural.

La cabezota de Bukowski parece cubierta de vaho cuando nos cuenta los capítulos de su vida. En este punto es donde nos encontramos a los detractores y a los defensores tirando de una cuerda.


Cuestión de gustos

Una discusión imposible. Cuestión de gustos. O de formas de entender la vida, si uno se quiere poner más profundo.

Charles Bukowski. De Profesión Cartero

Opiniones sobre Bukowski

El Viejo Indecente que Sacaba Música a sus Cañerías


Sí, Bukowski Quería Follarte



La Literatura de Charles Bukowski
El Poeta Maldito. Obras y fotos de Charles Bukowski
Un Puñado de Fotos. Un Puñado de Libros.


Charles Bukowski, El Poeta Maldito


Libros publicados por Anagrama y fotografías en blanco y negro de Charles Bukowski para hacer el artwork sobre el escritor.
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La literatura de Bukowski

Vivir de la literatura fue un camino duro. Lo que Bukowski había escrito en esos papeles arrugados manchados con cercos de vino no daba de comer a nadie, quizás a aquellas ratas, las compañeras inhóspitas del único piso que podía permitirse. Hoy sorprende, pocos coetáneos entendían los textos de un escritor que ha llegado a un buen puñado de millones de lectores. No ocurría lo mismo en aquella época. Ni la sociedad americana, ni ninguna otra estaban preparadas para unos textos adelantados a su tiempo. Si hubiese nacido años después, en los ’90 o así, sería millonario. O quizás no, sus textos no eran páginas para Best Sellers, y doblegarse a editores sería traicionar sus ideales: Bukowski no vendería su alma para convertirse en un rentable producto globalizado. Es muy posible que odiase el mercado literario actual. Son conjeturas y...

El caso es que el joven Bukowski no tenía un duro. "Y en la oficina de correos contrataban a cualquier tirado". (Nota: entre comillas porque el mismo autor lo dice justo de este modo en la novela Cartero).
Sombra de De Profesión Cartero
Servicio Web de Entretenimiento y Cultura
Artwork como fotos de Bukowski

Fotos en blanco y negro del escritor

Algunas fotos icónicas del Escritor Maldito.

Su trabajo como cartero y argumento de la novela


Pero Bukowski no escribía como otros escritores, y tampoco repartía cartas como un cartero cualquiera. Y como la leyenda se mezcla con la historia, pues su biógrafo ya sabemos quién es, entonces en esos primeros días de Navidad, salió a escena una mujer. La Mujerona, así la llamó, acompañó a Bukowski un trayecto, mientras iba vaciando el zurrón de cartas en los buzones. Quería hablar, y hablaba mucho. Bukowski lo entendió. De noche hablaría menos.

Entre deslices con mujeronas, las Navidades fueron pasando. Bukowski pensaba en las cartas. Llevaban menos papanoeles, así que pronto tendría las mañanas libres, y otra vez esos rotos en los bolsillos. El trabajo no pintaba mal. Dejaba cartas en los buzones, y echaba polvos. Entre tanto, le contaron que habría un examen para cartero suplente. Llegó el día del examen y Bukowski lo aprobó.

El trabajo como cartero suplente era peor que el trabajo como cartero. Ordenaba cartas. Sólo trabajaba como cartero cuando otro cartero se ponía enfermo. Por si acaso, debía presentarse en la oficina de correos sobre las 5 de la mañana, todos los putos días. Bukowski también entendió esto muy rápido. Trabajaría los días de viento, nieve, lluvia o un sol espantoso.



De Henri Chinaski a Charles Bukowski



En las primeras páginas de Cartero, nos encontramos metidos en la acción de golpe, sin embargo el objetivo es simplemente definir al protagonista de la historia, la idea que quiere Bukowski que el lector tenga de su otro yo, Henri Chinaski. No necesita muchas líneas para que el lector entienda lo que quiere pintar. Y pronto el lector recibe una de las claves para entender las entrañas del personaje, y por lo tanto su literatura y su vida.

Se trata de un conflicto con un empleado de correos al que apoda La Roca. Bukowski si ve algo redondo, no dirá que es cuadrado, aunque su jefe se lo ordene. No es un hombre que siga las reglas sin preguntarse si son correctas. Aunque mantener su postura, le cueste pasar hambre.



Sus novelas nos descubren la filosofía del autor



Como él mismo admitiría en el aquel primer párrafo tan esclarecedor de su relato corto Cojones, a Bukowski no le gustan las morales, las leyes, las religiones o las reglas. No siempre están al servicio de la Humanidad. Lo que realmente trata de decirnos es que no le gusta que dirijan su vida de modo alguno, por ello no seguirá reglas pre-establecidas si no están de acuerdo con sus convicciones. Bukowski obliga al individuo a pensar, ya que la Sociedad puede pensar por el individuo, pero por veces lo hará de tal modo que favorezca sólo a algún hijoputa.

Con La Roca y con muchas otras piedras del camino no hizo buenas migas, la sumisión manchaba los ideales del futuro escritor. Mantener su actitud, le reportó un sinfín de amonestaciones durante los tres años de su primera etapa de cartero. Hasta que decidió no volver. Cerró la puerta del despacho después de presentar la dimisión.

Pero siempre hay un alquiler, una factura, un vino que pagar. Acabó volviendo a la vida de cartero, 12 años más. Para entonces el cambio interior ya había ocurrido, volvió enriquecido con una convicción: escribir sobre las vivencias, escribir sobre la vida. La de Bukowski en la puta calle, la de uno de sus ídolos en las verdes colinas de África. Y ambos tienen su encanto porque a través de la experiencia saben de lo que escriben.

Hay otra razón para que Bukowski protagonice sus propias novelas. Este escritor no escribe sobre ricos y guapos. Tampoco escribe sobre santos. Porque no existen. “Me interesan más los pervertidos", solía decir. Esta frase, que sólo tiene sentido llevada al contexto de su obra, nos da una de las principales claves de su literatura. Bukowski escarba en la capa limpia de la piel, y sumerge al lector en los borbotones de sangre negra. Ésa que cualquier hombre tiene dentro, aunque no siempre se vea. Y lo hace a través de su propia piel, de la parte negra de su sangre, por una razón. En la vida real, nunca todo es completamente bonito, ni está completamente podre.





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