Sin Tiempo

Entré en la consulta. La médica se sorprendió, pero al mirarme no se atrevió a regañarme por haber entrado de buenas a
primeras, sin esperar mi turno.

¿Cómo esos hijoputas del Gobierno pueden haber perdido mis registros de identificación? No soy cualquier mierda, soy
un agente N7. Arriesgo la vida por estos chupaimpuestos que nos gobiernan. ¿Por qué he desaparecido de los registros
del Ejército de la Alianza?

Sin embargo, no necesité decir lo que pensaba.
-Necesito reconstruir su perfil -dijo ella mientras se acercaba y me ofrecía asiento en una camilla-. Una muestra de ADN,
por favor. Saque la lengua de una vez. Bien. Ahora tiene que ratificar estos informes. Léalos y firme aquí. Si está de
acuerdo con la información proporcionada por el Capitán Anderson, añadiré estos informes a su nuevo perfil de la base
de datos. Tengo que hacerle un chequeo.

Me palpó los hombros.

-Me he cansado de recomendar a la Alianza que cambie los camastros de la Hawkins. Todos los soldados de esa nave
tenéis contracturas cervicales.

-Señora, cómo siga haciéndome estos masajes, no necesitaré visitar a mi novia antes de partir.

-Me habían avisado de que era usted rebelde y que no le gustaba perder el tiempo en diagnósticos porque los puede hacer
usted mismo.

-Me alegro de que le hayan llegado mis palabras -dije levantándome.

-Y no le voy a recetar Cuantun. Está prohibido para lo que usted lo quiere.

Aparté la vista de la puerta y la clavé en sus ojos.

-Como ve he hecho mis deberes antes de su visita. No has tenido suerte, no soy una jovencita que se deja engatusar.
Cuando firme los informes, puede irse.

Informe 1: Origen: Terrestre. “Sobre la vida terrestre del Soldado Alex Hawaii”.

Informe 2: Carrera militar hasta el Año 2183.

Informe 3: Especialidad: Infiltrado

No necesitaba leer sobre la mierda de mi pasado. No sentía curiosidad. El Capitán era un buen hombre, justo y a un paso
de la jubilación. Hice un tachón sobre la palabra infiltrado y puse ingeniero, luego garabateé las firmas que necesitaban;
tenía cosas más importantes que hacer.

-Ha sido un placer.

-El placer ha sido mío.

Eché a andar. El paseo hacia la casa de Susana sería largo. Maldije mi suerte en silencio por tener que cruzar la zona de
Vallecas que había sufrido el bombardeo. ¿Cómo se les pudo ocurrir lanzar el Meteorito?

A los lejos, intuí las siluetas de los edificios derruidos. Los supervivientes no los volvieron a levantar, pero los fueron
arreglando con herramientas propias del siglo XIX. Desde el primer momento, la gentuza ocupó este territorio, y con el
discurrir de los siglos, mierda, no pasó nada.

El caso es que eran como ratas armadas. Un enfrentamiento me haría perder un tiempo valioso y no soy de aplastar
cráneos humanos, pero tampoco de dejarme atracar. Se cobijaban en estos edificios decrépitos. Preparados para robar en
las zonas civilizadas. Y el Gobierno lo permitía. Eran su maná de soldados para las naves espaciales. Siempre les caía la
misma sentencia: condenado a cumplir años como soldado espacial.

Yo no era un objetivo para ellos. A un objetivo no se le ocurriría entrar a sus anchas sin un motivo... No había motivo para
entrar. Los tubos del transporte público pasaban por encima, no había necesidad de cruzar a pie o a motor. Salvo en mi
caso.

Agachar la cabeza, seguir caminando. No llevaba nada que pudiesen robarme, y además estaba marcado como uno de
ellos. Sin embargo no era mi lugar.

Me entretuve meditando mi postura sobre aquella antigua guerra. A pesar de que no tenía un conocimiento profundo de
historia antigua, La Guerra de la Hegemonía me despertaba interés. No me sentía un nacionalista defensor de la antigua
Iberia, pero lanzar el N34 sobre Madrid fue un golpe muy bajo. Sobre todo cuando los científicos de Iberia habían
evitado la colisión consiguiendo frenarlo y dejarlo en la órbita terrestre. Habían sido muy ingeniosos, habían salvado
muchas vidas. También los corsarios fueron muy ingeniosos. Iberia había protegido sus fronteras y su espacio aéreo. Un
atentado masivo resultaba muy complicado debido a los escáneres de detección de explosivos y radiación. Pero la mente
humana no para nunca. Consiguieron crear una fuerza de atracción, bombardeando el meteorito con ondas
electromagnéticas. Y fue a caer a Vallecas.

Por fin llegué. Susana estaba en pijama.

-Tenía ganas de verte. Pensé que llegarías antes.

-No pude subirme al transporte, el Gobierno retiró ese privilegio de mi DNI.

-¿No has conseguido Cuantun?

-Podemos bajar al Bar Tijuana.

-No me gusta ponerme en un bar. Quiero estar colocada sólo para ti, y no que me miren todos con lujuria y ganas de
metérmela.

Bien. Pero la noche duró poco. El día siguiente volvería a la realidad: no sé qué de una baliza que contenía el saber de una
civilización aniquilada. Yo allá arriba, mi novia sola... aquí abajo.

Sin Tiempo

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